lunes, 19 de julio de 2010

Aviones solares: una inspiración permanente para la arquitectura solar











 





Hace unos días el avión solar Solar Impulse ha logrado realizar su primer vuelo nocturno, demostrando que puede volar 24 horas seguidas solo con la energía producida con su instalación fotovoltaica, gracias a su capacidad de acumulación de la energía excedente.
Ante la perspectiva de una arquitectura que en el futuro deberá pasar por la utilización de la energía solar, estos artefactos de la ingeniería más sofisticada son una inspiración permanente para los arquitectos.
















Desde Le Corbusier a Norman Foster, la belleza de estas máquinas, residente en su precisión, en la utilización del mínimo material para las máximas prestaciones y en el aprovechamiento máximo de la ciencia y de las leyes físicas, ha fascinado a sucesivas generaciones de arquitectos.
En la era de la preocupación por el uso eficiente y sostenible de la energía, los aviones solares representan el vuelo limpio, sin emisiones a la atmósfera, el dominio final de las fuerzas telúricas.
Es cierto que en estos aparatos el esfuerzo por conseguir la máxima eficiencia de todos los sistemas es máximo. A la ya depurada técnica aeronáutica se le suma la necesidad de aprovechar al máximo una fuente de energía mucho menos poderosa por unidad de peso que el combustible fósil. Esta energía además es generada por el propio avión.
Lo que hace mas atractivos a los aviones para los arquitectos es su limpieza de ejecución, la perfección de su envolvente, su desmontabilidad, su utilización de nuevos materiales, su facilidad de reparación y de inspección.
En el caso de los aviones solares sin duda impresiona la perfecta integración de las células fotovoltaicas en su envolvente, más concretamente en el extradós de las alas. Nada de torpes marcos de aluminio; nada de gruesas juntas entre paneles; nada de obedecer a la inexorable ley de la planeidad de los paneles fotovoltaicos; nada de superposición de módulos sobre una superficie, aumentando considerablemente su espesor. Apenas una fina piel, casi autoadhesiva, podríamos decir, que se adapta como un guante (de latex) a la forma de las alas.











 





No se trata de células de tecnología orgánica "thin film", sino de verdaderas obleas de silicio cortadas en unos espesores tales que permiten adoptar cierta curvatura sin romperse. Evidentemente tampoco van montadas sobre vidrio, sino sobre plásticos de altas prestaciones.
Más de 25 años separan este Solar Impulse del primer avión solar, el Sunrise I, un modelo a escala de 12 kg de peso y 10 metros de envergadura, que demostró la viabilidad de una aeronave propulsada solamente con energía solar, alcanzando ua altitud de 8.000 pies (2.438 m).























Uno de los hitos más notables en esta carrera tecnológica esta en el ERAST, de 1995, un avión solar no tripulado desarrollado por la Nasa, que demostró definitivamente la viabilidad del concepto estableciendo varios records de altitud y permanencia en el aire.
Finalmente en 2005 otro avión solar no tripulado a escala, de 4,75 m de envergadura, el Solong, voló durante 48 horas para demostrar el concepto del vuelo perpetuo con energía solar.
















De este modo el Solar Impulse ha podido asumir su propio record con un vuelo tripulado, aspirando a dar la vuelta al mundo próximamente.
Los arquitectos debemos aprender estas lecciones y concebir una nueva arquitectura solar en la que esta energía sea el motor perpetuo de las necesidades energéticas de los edificios.

1 comentario:

  1. Son fabulosos este tipo de aviones que funcionan únicamente con energía solar.
    Y también me gusta mucho este:
    Oriens glyder: un planeador eficiente, ecológico y sostenible que vi en otra entrada vuestra. Concebido como un inteligente diseño industrial.

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