domingo, 17 de agosto de 2014

La nueva iglesia de la cultura hot rod


Tal vez el lector ya conozca esta impecable publicación, que demuestra una vez más que aunque parece que todo está dicho, siempre está todo por decir. Coby Gewertz, ha creado un clásico instantáneo, con esta humilde pero preciosa publicacición, en la que las fotos hablan por sí mismas, acompañadas por frases telegráficas que completan su visión poética.












Parece que el estilo hot rod está ganando carta de naturaleza como cultura seria, como en su día sucediera con el Jazz o con el Blues, estilos musicales tenidos en origen como vulgares o chabacanos.

'56 Chevy Bel Air  Bad Ass!

No es es la única muestra de esta tendencia en nuestros días. El fenómeno FUEL y su filial TANK moto, son otra muestra de este movimiento que extrae la quintaesencia más elegante y atractiva del universo hot rod, en este caso desde Melbourne, Australia.


















¿Qué se puede encontrar en estas publicaciones? Probablemente un aroma, una sutil armonía, el atractivo de lo antigüo sabiamente restaurado o reinterpretado, el arte de las llamas y otros temas sobre la chapa de impecables máquinas.

¿Que tiene que ver esto con las renovables? Diseño hot rod para esos patéticos aerogeneradores domésticos ya. Hasta los juguetes tienen más diseño, como esos pequeños hot wheels que a veces se hacen a escala real.
















lunes, 11 de agosto de 2014

Rc muscle car a escala 1/32, nuevas posibilidades



















Hace tiempo que traté el tema en este blog (link). Sin embargo el autor de estas líneas no había tenido ni el coraje ni el presupuesto para acometer dicha preparación. Ahora, con la constante evolución a la baja de los precios resulta factible, con un poco de trabajo, tener un coche competente a escala 1/32 por un precio razonable.

El caso es que han salido a la venta recientemente unos juguetes que se pueden canibalizar para esta preparación, como el WL Toys 939, con gas y dirección proporcionales. El reducido tamaño de batería y electrónica permiten trabajar a escala 1/32.























Como he dicho con una cierta dosis de trabajo se puede realizar un chasis de cotas aceptables a 1/32.





















El trabajo más exigente está en el tren delantero, ya que hay que realizar de nueva planta los soportes y la barra de dirección, para adaptarse a la anchura requerida.

El resultado es un precioso coche de scalextric convertido a radio control con mando proporcional.




sábado, 19 de julio de 2014

Pimp my Tower
























El proyecto de Dorin Stefan para la Taiwan Tower contiene ese indefinible "cool factor" que envuelve a toda creación especial e influyente. ¿Es la ingravidez? ¿Son sus atrevidas formas?¿Se trata de alguna innovación técnica desconocida? Es todo y nada, me explico, obviamente la ingravidez o el reto a la ley de la gravedad es uno de sus atractivos, logrado con aerostatos de helio (¿innovación técnica?) y la libertad plástica con la que se diseñan estas formas es igualmente interesante.
























Las imágenes presentadas con la magia del 3D parecen sacadas de una película de ciencia ficción ( que probablemente aproveche ideas como esta para algún título venidero). Por supuesto el proyecto se acompaña con una batería de argumentos ecológicos, funcionales y pseudotécnicos, como no podía ser menos.

























Pero el motivo de traer aquí este proyecto es por su acierto formal, por la emoción que transmite, porque sin duda transcenderá a todos los críticos que cargados de razón argumenten que se trata de algo feo, banal e irrealizable. Pues bien, este diseño es la caña, o sea "cool", chulo, atrevido, iconoclasta, desvergonzado y elemental como el rock and roll de los Stones. O sea, condenadamente bello.
























Ah, pero se lo han copiado a Peter Cook (torre pabellón, 1967), como siempre alguien estuvo allí antes, pero no importa, porque la obra de arte no es el tema sino su tratamiento, su interpretación, su manera de "tunearlo". En inglés tunear un coche es "to pimp a ride", así que sin esfuerzo podríamos imaginar la situación de Peter Cook diciéndole a Dorin, "hey mate, please pimp my tower".

martes, 29 de abril de 2014

Los modelos a escala de Jan Kaplicky
















No faltan es este mundo críticos que censuren con mayor o menor virulencia el trabajo de este genio. Lo que si faltan son artistas que lo igualen o lo superen.

Para sus fans, entre los que me incluyo, es una inspiración y un estímulo constante. Una vez más el artista se supera a sí mismo a base de someterse al perfeccionismo más absoluto. Como era un hecho que muchas de sus obras no le serían ni tan siquiera encargadas, no solo se las encargó a sí mismo, sino que para demostrar su viabilidad técnica como mínimo hizo maquetas de ellas, con un nivel de perfección que las convierte en instantáneos objetos de colección.

















Lejos de parecerme caprichosas, sus formas elaboradas con el mimo de un Bertone o un Pininfarina, desafían los límites de la técnica conocida para su realización, aunque nada tan dificil para alguien que había trabajado para la NASA diseñando una estación espacial. Humildes y al mismo tiempo sobrecogedoramente bellas sus formas aparecen ante la atónita mirada de los visitantes como una flor. 

















Sus maquetas aparecen como hermosos juguetes, engañosamente inocentes. Bajo la expresión de unas determinadas virtudes se esconde una demoledora crítica a la pesada, insípida y torpe arquitectura contemporánea. Sus sugerencias son de por sí iconoclastas sin aparentarlo, sino por simple comparación. Sus planteamientos dinamitan los sagardos axiomas edificatorios. ¿por qué un edificio debe ser estático? ¿por qué una casa debe tener una determinada imagen socialmente aceptable?¿por qué la arquitectura vive de espaldas al futuro?¿por qué las formas de los automóviles ya eran mucho más interesantes hace 60 años que las de la arquitectura actual?
























Ahora bien, mas allá de la especulación formal y del éxito de la imagen lograda, estas maquetas transmiten una idea crucial: perfección técnica. Marca de la casa en las obras realizadas por Kaplicky, que por algún motivo no son de ladrillo, cemento, hormigón, piedra o madera, materiales añejos de los que tampoco están hechos los aviones. Son los nuevos materiales metálicos, poliméricos, compuestos, los que le interesan por su ligereza, por su fuerza, por su flexibilidad, por su especialización, pero sobre todo porque representan el progreso de la humanidad.

















En sus proyectos hay una componente subversiva diferente: la reivindicación de la viabilidad técnica frente a la viabilidad económica, gobernada por el cancer del Management. Esta aparente ingenuidad de proponer una casa con puntos de vista cambiantes gracias a un blrazo articulado como el de una grúa, parece espetarnos con cierta ironía: ya se que no lo vais a hacer porque no es rentable, pero vosotros os lo perdéis.




















Con una estética muy particular pero rabiosamente inconformista y original, los diseños de Jan Kaplicky no han hecho sino ganar con el tiempo y lo seguirán haciendo mientras los críticos enanos mordisquean afanaosamente como ratas las suelas de sus zapatos gigantes.







lunes, 17 de marzo de 2014

Construcción digital: posibilidad futura o quimera antieconómica















El gran problema de la construcción arquitectónica es que jamás ha habido la misma presión en la industria por incorporar adelantos técnicos que en el caso del automóvil, por ejemplo. Desconozco los motivos aunque es bien sabido el conservadurismo del sector. Sin embargo nos podemos encontrar en los albores de una profunda crisis del sector industrial tal y como lo conocemos. La fabricación personal, como ya la ha bautizado el MIT, es la próxima revolución y parece que en ella los arquitectos vamos a ser guerreros de vanguardia. Me refiero a la ya incipiente pero firme explosión de la impresión 3D.

En 2011 ya publicamos aquí una entrada sobre la semilla originaria de esta nueva técnica al alcance de todos: el proyecto Rep-Rap.


















Desde entonces las cosas no han hecho sino avanzar y extenderse a un número creciente de entusiastas. Lo interesante es que estas máquinas están empezando a crecer de tamaño. Justo lo que se necesita en arquitectura. Ya existe un modelo comercial que imprime en 60x60x60cm, el Gigabot.





















Y en Holanda un estudio de arquitectura, DUS Architects, ha construido otra impresora todavía más grande.con la que afirman se puede construir una casa en el canal. 















Lo más interesante de esta historia es ese carácter amateur que tiene el asunto, que permite democráticamente entrar a cualquiera en el juego y que escapa de alguna manera a las tendencias nocivas de la industria. La gente empezará por imprimirse un grifo, luego un picaporte, después un armario, y quien sabe a donde nos va a llevar esta fabricación personal.

La imagen con la que comienza esta entrada pertenece al ya comentado aquí Yaohua Wang, que nos propone una impresora 3D de tipo grúa, que produce un cordón estructural de fibra de carbono. Con ella se plantea imprimir la estructura del edificio, para luego situar en ella una serie de contenedores.













A pesar de que siempre me he manifestado en contra de las utopías constructivas, hay que rendirse a la evidencia del rabioso atractivo de esta idea, carbon project, ilustrada por Wang. Y su virtud no está necesariamente en los problemas que resuelve sino en las ideas que sugiere, en un marco de evolución técnica de dominio público donde gracias a Internet se puede empezar a aprovechar la materia gris de los seres humanos como una gran comunidad.

La buena noticia es que esta revolución ya se está dando sin grandes inversiones, sin subvenciones, sin mercados potenciales, sin patentes. Por tanto nada pueden contra ella los lobbys industriales, los gobiernos y otras yerbas, que solo pueden limitarse a mirar de reojo a qué se dedican estos locos de la impresión 3D.

Un reputado sabio pronosticó a principios del siglo pasado el fracaso del automóvil, por caro, poco fiable y destinado en exclusiva al ocio de los ricos. ¿Se tratará esta vez de otra profecía fallida?

jueves, 27 de febrero de 2014

Inconformismo: flying pancake, Zimmer Skimmer o Vought V-173

















Heterodoxia, inconformismo, librepensamiento, o sea creatividad. Charles H. Zimmerman se dedicó en la primera mitad del siglo XX al desarrollo de aeronaves extrañas, como este formidable Vought V-173, de 1942, prototipo hecho de madera y tela, que demostró una serie de prestaciones en vuelo real llevadas después a otras aeronaves. 

Se trata de ese viejo mito del ¿que pasaría si? por ejemplo, le quitamos las alas a un avión, pero abordando el problema desde la más estricta viabilidad técnica, desafiando con grandeza el también ya mítico "eso no se puede hacer". 

Analogías animales como la raya, de cómic como el platillo volante o de fantaciencia como las expuestas en revistas de ciencia popular de la época surgen espontáneamente.




























Y si, Zimmerman construyó y ensayó modelos a escala propulsados eléctricamente, para comprobar personalmente sus conceptos y para convencer a terceros de la viabilidad de sus ideas.



















Si solo una enésima parte de esta pasión, energía y creatividad se emplearan en modernizar nuestra arquitectura, las cosas cambiarían radicalmente en poco tiempo. Estamos hambrientos de propuestas potentes y liberadoras que ayuden a bandonar los viejos y caducos clichés de la arquitectura actual. Las altas prestaciones de la nueva arquitectura eficiente son el reto que justifica pasar a la acción.

martes, 18 de febrero de 2014

¿Cuanto consume tu edificio?
























Richard Buckminster Fuller formuló a Norman Foster la legendaria pregunta: ¿Cuánto pesa tu edificio?
Era la década de los '80 y la construcción ligera parecía ser una prioridad en la arquitectura de vanguardia. Por supuesto el edificio de Foster, a saber, el Sainsbury Centre of Visual Arts era muy ligero, tan ligero sobre rasante o más que un Boeing 747, por metro cúbico interior. 

Sin embargo cuán interesante sería que alguien con semejante predicamento arquitectónico preguntase a un talento emergente cuánto consume su edificio. La respuesta no tendría seguramente desperdicio, no sabemos si por acertada o por disparatada. Para empezar, el cálculo no es ni mucho menos tan sencillo como obtener el peso de un edificio, entre otras cosas porque las energías no son algo aditivo como los kilogramos. Calorías, frigorías, kilovatios hora o julios, son a priori unidades de energía físicamente convertibles, pero dependiendo de la fuente, de su continuidad o discontinuidad, de su coste de amortización y de su facilidad de acumulación, no son a menudo cantidades que se puedan sumar o restar alegremente.

Un ejemplo ilustrativo de ello es la energía solar fotovoltaica, de gran disponibilidad en verano, pero escasa en invierno, con una cierta dificultad técnica de aprovechar ese excedente veraniego en invierno. He aquí un problema central en el debate energético del edificio: la (falta de) simultaneidad en la demanda. ¿Que quiere esto decir? pues muy sencillo, que en muchos casos es fácil producir energía cuando no se necesita y viceversa. Esto define un frente de investigación arquitectónica muy interesante: el comportamiento del edificio frente a las puntas de consumo y la falta de simultaneidad de la demanda.

















El objetivo evidente es el edificio autosuficiente, o al menos, que produzca tanto como consuma, siempre y cuando la falta de simultaneidad permita que otros aprovechen los excedentes ocasionales. Para ello se deben dar tres condiciones: que el edifico consuma poco, que el edificio produzca y que se gestione lo mejor posible la simultaneidad de la demanda. La primera es el objetivo que antes se ha atendido por razones obvias. La segunda tropieza todavía con importantes escollos por la falta de integración de las instalaciones de producción en la arquitectura. Sin embargo la tercera pertenece al campo de lo hipotético, ya que su aplicación actual es poco menos que una quimera. Además cuando se plantea se suele hacer desde la base de la optimización de los sistemas actuales y no desde la óptica de un cambio radical de concepto, donde tal vez esta gestión de la simultaneidad sea el centro del debate.

Por ejemplo, pocos se interesan actualmente por sistemas de cerramiento activo que gobernados por un control automático optimicen el consumo o la producción del edificio. Existir, existen y aún podría haber más: vidrio con cámara de agua en circulación, persianas regulables, fotovoltaicas orientables. Estos sistemas activos convenientemente controlados y programados podrían actuar selectivamente para reducir o atender demandas pico en momentos de déficit en la producción. De este modo podrían producirse ahorros superiores al valor de la energía realmente suministrada por ellos, ya que es sabido que la climatización por bomba de calor puede arrojar rendimientos superiores a la unidad.

Otro campo poco explorado en la arquitectura aunque de creciente éxito en la industria es la energía geotérmica, que permite optimizar y multiplicar el rendimiento de las bombas de calor. De hecho la demanda energética mínima se deberá en esencia al transporte de energía térmica de un lugar a otro en vez de a producir efectivamente frío o calor.





































Las nuevas estrategias de eficiencia energética están desplazando el diseño pasivo, que si bien puede resultar eficiente durante la operación del edificio, podría no serlo tanto por la energía extra requerida para su construcción y posterior reciclaje, debido al exceso de espesores en cerramientos.